No puedo esconder la mezcla de tristeza y de impotencia que sentí tan pronto recibimos la lamentable información de la suspensión por 80 juegos del dominicano Robinson Canó, tras violar la política antidopaje del béisbol de las Grandes Ligas.

Ya es harto conocido el comunicado que hizo público el estelar intermedista de los Marineros de Seattle, en donde explica las razones y el contexto en que usó el diurético conocido como furosemida.

Al margen de establecer un juicio de valor en lo que respecta a si sus declaraciones se corresponden o no con la verdad, me permito destacar las cualidades que adornan a Canó el ser humano, más allá del Canó pelotero, que ha alcanzado un status de superestrella por sus extraordinarias cualidades en el terreno de juego.

Sin ánimo de hacer el papel de abogado del hombre aquel y de pretender defender lo indefendible (todo el que me conoce y conoce mi familia sabe que nunca apoyaríamos las malas prácticas) haré un ejercicio, a modo de recordatorio, del Canó ser humano.

Robinson Canó ha demostrado ser un doliente de su terruño, San Pedro de Macorís, lo cual se ha evidenciado en las donaciones y múltiples actividades y operativos que realiza cuando está en el país, a beneficio de los sectores más necesitados de su pueblo.

En lo personal, puedo dar constancia del trato amable y respetuoso que siempre me ha dispensado en cualquier evento o escenario donde hemos coincidido.

Nunca olvidaré la gentileza y hospitalidad que Canó tuvo para con un servidor y mi amigo Frederick Martínez «El Pachá» el año pasado en el Safeco Field, al igual que Albert Pujols, Nelson Cruz y Jean Segura.

Dicha visita a Seattle coincidió con la visita de los Angelinos de Anaheim a los Marineros, en Seattle.

Un aspecto que pone de manifiesto su identificación con su país es el hecho de su presencia en cada uno de los Clásicos Mundiales que se han celebrado, en donde nunca ha escatimado esfuerzos para acudir al llamado de la patria, al margen de su condición de superestrella en las Grandes Ligas.

¿Cómo olvidar su extraordinaria actuación en el Clásico Mundial que República Dominicana ganó de manera invicta?.

En dicho evento Canó fue electo el Jugador Más Valioso en cada una de sus tres patas.

¡Que dominicano no disfrutó de sus oportunos batazos y sus formidables jugadas defensivas!

Si nos vamos al plano local, no recuerdo que haya existido otro jugador que, con un contrato de 240 millones de dólares, haya visto acción en la pelota invernal dominicana, asumiendo los riesgos que implica de cara a sus compromisos contractuales con su organización en las Grandes Ligas.

Los fanáticos de las Estrellas Orientales son testigo de excepción del significado de ver uniformado a este extraordinario jugador.

En esa tesitura, debo destacar al «Pelotero de la Patria» Miguel Tejada, que siendo MVP de la Liga Americana jugó con las Águilas Cibaeñas.

Reitero, nunca apoyaré lo mal hecho bajo ningún concepto.

No obstante, como se titulan estas reflexiones, mi sentido de gratitud me obliga a darle todo mi apoyo y solidaridad al amigo que está pasando por momentos muy difíciles.

El que esté libre de pecados que tire la primera piedra…

¿Quién no ha cometido errores?

¿Quién no ha tocado fondo?

¿Quién no se ha sentido que el mundo se le viene encima?

¿Quién no ha necesitado ese espaldarazo, esa mano amiga, esa solidaridad del amigo en momentos de angustias y de adversidades?

Espero que las respuestas a estas interrogantes hagan recapacitar a los que de una manera agresiva y sin contemplación han querido hacer leña del árbol caído a un dominicano que nos ha regalado tantas alegrías y satisfacciones.

Canó merece una segunda oportunidad… yo se la doy, ¿y tú?